Desde la ventana de mi oficina se puede ver el sol ocultarse tras los edificios, cuando el frio viento comienza a colarse entre la ropa de las personas que van a pie, los autos comienzan a devorar las calles a gritos desesperados y mis dedos se van engarrotando sobre el teclado del computador.
Las luces pintan las calles de colores y los rostros grises lentamente vuelven a las sombras, entonces la música inunda mis oídos y mis ojos tratan de buscarte entre el mundo de papeles que me ahoga y el reloj aun no da las seis.
Son las seis y quince y termina esta breve batalla en la luz.

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